Resumen
En este discurso, el Papa León XIV nos invita a ser signos de esperanza en el mundo a través de nuestra fe en Jesucristo. Nos recuerda que la fuerza y la luz de Cristo nos acompañan todos los días y nos llaman a vivir en comunión y servicio. Podcast creado por igles-ia.es
Ideas clave
Cada bautizado está llamado a ser signo de esperanza en el mundo actual, viviendo la fe en la vida cotidiana.
La fe en Jesucristo nos da la fuerza para afrontar los desafíos y ser testigos de paz y esperanza.
Es fundamental reconocer que todo lo que tenemos y somos es un don de Dios, para ser compartido en servicio a los demás.
La peregrinación jubilar en el Año Santo nos invita a buscar esperanza y a ser signos vivos de ella en nuestras comunidades.
La oración, la gratitud y la fraternidad son caminos esenciales para promover la paz en África y en el mundo.
Frases destacadas
“Es nuestra fe la que nos da la fuerza.”
“No solo los domingos, no solo durante una peregrinación, sino todos los días, para que estemos llenos de la esperanza que solo Jesucristo puede darnos.”
“Gracias por vivir su vida, su fe en Jesucristo.”
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Leer el texto íntegro del documento
Buenas tardes a todos, en particular a los representantes.
Pueden sentarse, yo permaneceré de pie.
Solo he venido un momento para saludarlos a todos y darles la bienvenida a Roma, al Vaticano, a la Basílica de San Pedro, y para unirme brevemente a ustedes en esta peregrinación jubilar durante el Año Santo, un año que nos inspira a todos y nos invita a buscar la esperanza, pero también a ser signos de esperanza.
Qué importante es que cada persona bautizada se sienta llamada por Dios a ser signo de esperanza en el mundo de hoy.
Es nuestra fe la que nos da la fuerza. Es nuestra fe la que nos permite ver la luz de Jesucristo en nuestra vida y comprender lo importante que es vivir nuestra fe. No solo los domingos, no solo durante una peregrinación, sino todos los días, para que estemos llenos de la esperanza que solo Jesucristo puede darnos y todos juntos sigamos caminando unidos como hermanos y hermanas para alabar a nuestro Dios, para reconocer que todo lo que tenemos y todo lo que somos es un don de Dios, y para poner estos dones al servicio de los demás.
Me alegra mucho poder saludarlos a todos esta tarde, aunque sea por un momento, y poder decir a cada uno de ustedes: gracias por vivir su vida, su fe en Jesucristo.
Ya están bien acompañados por sus Eminencias, el cardenal Turkson, el cardenal Arinze, y también por el arzobispo Fortunatus, y todos nosotros juntos, llenos del gran testimonio que todos ustedes están dando y que el continente africano da al mundo entero.
Digamos: «Gracias, Señor Jesús, alabado sea tu nombre». Dios los bendiga.
Concluiré, pues, con la bendición. El Señor esté con ustedes. Que Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, los bendiga. Amén. Que la paz de Dios esté siempre con ustedes.