Ángelus 27 de julio de 2025 · Semana del 21 de julio de 2025

Ángelus, 27 de julio de 2025

Resumen

En este Ángelus, el Papa León XIV comparte la belleza de la relación filial con Dios a través del Padrenuestro, resaltando su amor incondicional y su cercanía en nuestras vidas. Nos invita a rezar con confianza y a reflejar esa misericordia en nuestro trato con los demás. Podcast creado por igles-ia.es

Ideas clave

  • La oración del Padrenuestro revela nuestra identidad como hijos amados de Dios y nuestro compromiso de vivir en amor fraterno.

  • Dios nunca nos rechaza, incluso en nuestros errores o fracasos, siempre está dispuesto a escucharnos y ayudarnos.

  • La confianza en la oración nos permite descubrir la grandeza del amor del Padre y fortalecer nuestra fe en momentos difíciles.

  • Los mayores son testigos de esperanza y deben ser acompañados y valorados en su papel en la comunidad.

  • El Papa reitera la urgencia de buscar la paz en el mundo, rezando por las víctimas y promoviendo el diálogo y la reconciliación.

Frases destacadas

“«Por la Oración del Señor, hemos sido revelados a nosotros mismos al mismo tiempo que nos ha sido revelado el Padre»”

“«Cuanto más rezamos con confianza al Padre de los cielos, más nos descubrimos hijos amados y más conocemos la grandeza de su amor»”

“«Es necesario acordarnos, cuando llamemos a Dios “Padre nuestro”, de que debemos comportarnos como hijos de Dios»”

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo! Hoy el Evangelio nos presenta a Jesús que enseña a sus discípulos el Padrenuestro , la oración que une a todos los cristianos. En ella, el Señor nos invita a dirigirnos a Dios llamándolo “ abbá ”, “papá”, como niños, con «simplicidad […], conciencia filial […], audacia humilde, certeza de ser amados» . Con una expresión muy hermosa, el Catecismo de la Iglesia Católica dice al respecto que «por la Oración del Señor, hemos sido revelados a nosotros mismos al mismo tiempo que nos ha sido revelado el Padre» . Y es verdad, cuanto más rezamos con confianza al Padre de los cielos, más nos descubrimos hijos amados y más conocemos la grandeza de su amor . El Evangelio de este día, pues, describe los rasgos de la paternidad de Dios por medio de algunas imágenes sugestivas: la de un hombre que se levanta, en el corazón de la noche, para ayudar a un amigo que debe acoger a un visitante inesperado; y también la de un padre que se preocupa por darles cosas buenas a sus hijos. Estas figuras nos recuerdan que Dios nunca nos vuelve la espalda cuando acudimos a Él, ni siquiera cuando llegamos tarde a llamar a su puerta, quizá después de haber cometido errores, omisiones, fracasos; ni siquiera cuando, para acogernos, debe “despertar” a sus hijos que duermen en la casa . Es más, en la gran familia de la Iglesia, el Padre no duda en hacernos a todos partícipes de cada uno de sus gestos de amor. El Señor nos escucha siempre cuando rezamos, y si a veces nos responde con tiempos y modos difíciles de comprender, es porque obra con una sabiduría y una providencia mayores, que van más allá de nuestra comprensión. Por eso, aun en esos momentos, no dejemos de rezar con confianza, en Él encontraremos siempre luz y fortaleza. Recitando el Padrenuestro , además de celebrar la gracia de la filiación divina, expresamos también el compromiso de corresponder a ese don, amándonos como hermanos en Cristo. Uno de los Padres de la Iglesia, reflexionando sobre esto, escribe: «Es necesario acordarnos, cuando llamemos a Dios “Padre nuestro”, de que debemos comportarnos como hijos de Dios» , y otro agrega: «No podéis llamar Padre vuestro al Dios de toda bondad si mantenéis un corazón cruel e inhumano; porque en este caso ya no tenéis en vosotros la señal de la bondad del Padre celestial» . No se puede rezar a Dios como “Padre” y después ser duros e insensibles con los demás, sino que es importante dejarse transformar por su bondad, por su paciencia, por su misericordia, para reflejar como en un espejo su rostro en el nuestro. Queridos hermanos y hermanas, la liturgia de hoy nos invita, en la oración y en la caridad, a sentirnos amados y a amar como Dios nos ama: con disponibilidad, discreción, cuidado mutuo, sin hacer cálculos. Pidamos a María que sepamos responder a la llamada, para manifestar la dulzura del rostro del Padre.