Ángelus 12 de octubre de 2025 · Semana del 6 de octubre de 2025

Ángelus, 12 de octubre de 2025

Resumen

En este Ángelus, el Papa León XIV nos invita a fortalecer nuestra fe y esperanza en medio de los conflictos, destacando la importancia de la paz, la reconciliación y la oración. Nos recuerda que incluso en la oscuridad más profunda, Dios permanece con nosotros y que el amor fraterno es la verdadera vía hacia la paz. Podcast creado por igles-ia.es

Ideas clave

  • La oración y la fe en María fortalecen la esperanza y la paz en tiempos de conflicto y sufrimiento mundial.

  • Es fundamental seguir promoviendo el diálogo y la reconciliación en Tierra Santa y Ucrania para alcanzar una paz justa y duradera.

  • La Iglesia acompaña y ora por las víctimas de violencia, accidentes laborales y las familias afectadas, promoviendo la solidaridad cristiana.

  • El Papa exhorta a la comunidad a confiar en la misericordia de Dios y a buscar la paz a través de la oración y la acción concreta.

Frases destacadas

“A Dios, única Paz de la humanidad, le suplicamos que cure todas las heridas y ayude con su gracia a realizar lo que humanamente ahora parece imposible: redescubrir que el otro no es un enemigo, sino un hermano a quien mirar, perdonar y ofrecer la esperanza de la reconciliación.”

“Hoy está dirigida sobre todo a ustedes la caricia del Señor, la certeza de que, incluso en la oscuridad más profunda, Él permanece con nosotros: « Dilexi te – Te he amado».”

“Me uno junto con toda la Iglesia a su inmenso dolor.”

#paz #conflicto en Tierra Santa #Ucrania #misericordia #oración #reconciliación
Leer el texto íntegro del documento
Queridos hermanos y hermanas: Antes de concluir la celebración, deseo dirigirles un caluroso saludo a todos ustedes, que se han reunido para rezar en este gran “cenáculo” junto con María, la Madre de Jesús. Ustedes representan la multiforme realidad de las asociaciones, movimientos y comunidades que están animadas por la devoción mariana, que es propia de todo cristiano. Les agradezco y los exhorto a cimentar siempre su espiritualidad en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia. Saludo a todos los grupos de peregrinos, en particular a los laicos agustinos de Italia y a la Orden Seglar de los Carmelitas descalzos. Es estos últimos días, el acuerdo sobre el inicio del proceso de paz ha encendido una chispa de esperanza en Tierra Santa. Animo a las partes implicadas a proseguir con valentía el itinerario marcado hacia una paz justa, duradera y respetuosa de las legítimas aspiraciones del pueblo israelí y del pueblo palestino. Dos años de conflicto han dejado muerte y ruinas por todas partes, sobre todo en el corazón de quien ha perdido brutalmente hijos, padres, amigos y todo lo que tenía. Me uno junto con toda la Iglesia a su inmenso dolor. Hoy está dirigida sobre todo a ustedes la caricia del Señor, la certeza de que, incluso en la oscuridad más profunda, Él permanece con nosotros: « Dilexi te – Te he amado». A Dios, única Paz de la humanidad, le suplicamos que cure todas las heridas y ayude con su gracia a realizar lo que humanamente ahora parece imposible: redescubrir que el otro no es un enemigo, sino un hermano a quien mirar, perdonar y ofrecer la esperanza de la reconciliación. Con dolor, sigo las noticias de los nuevos y violentos ataques que están golpeando varias ciudades e infraestructuras civiles en Ucrania, provocando la muerte de personas inocentes, entre ellas niños, y dejando a muchas familias sin electricidad ni calefacción. Mi corazón se une al sufrimiento de la población, que desde hace años vive en la angustia y entre privaciones. Renuevo el llamamiento a poner fin a la violencia, a parar la destrucción, a abrirse al diálogo y a la paz. Acompaño de cerca al querido pueblo peruano en este momento de transición política. Rezo para que el Perú pueda continuar por el camino de la reconciliación, del diálogo y de la unidad nacional. Hoy en Italia se recuerdan las víctimas de los accidentes laborales. Recemos por ellos y por la seguridad de todos los trabajadores. Y ahora dirijámonos a María con confianza filial.