Resumen
En este discurso, el Papa León XIV comparte su experiencia en el Líbano, resaltando la importancia del encuentro, la esperanza y la fraternidad en medio de las dificultades. Nos invita a promover la paz y a confiar en la fuerza de la oración y la unidad como caminos hacia un futuro mejor. Podcast creado por igles-ia.es
Ideas clave
Partir es más difícil que llegar, pero el encuentro en el Líbano fortalece los lazos de fraternidad y esperanza.
El Papa recuerda la veneración a la Virgen María y a san Chárbel, símbolos de fe y raíces espirituales del país.
Reitera el dolor por la explosión en Beirut y la necesidad de justicia, paz y diálogo en la región.
El Líbano es un mensaje de unidad y trabajo conjunto, más que solo un país, según san Juan Pablo II.
Invita a todos a elegir la paz como camino y a seguir confiando en la misericordia de Dios para un futuro mejor.
Frases destacadas
“Partir es más difícil que llegar.”
“No nos separamos, sino que, habiéndonos encontrado, seguiremos adelante juntos.”
“¡Elijamos todos la paz como camino, y no sólo como meta!”
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Leer el texto íntegro del documento
Señor Presidente, señores Presidentes del Parlamento y del Consejo de Ministros, Beatitudes y hermanos en el episcopado, autoridades civiles y religiosas, hermanas y hermanos todos:
Partir es más difícil que llegar. Hemos estado juntos, y en Líbano estar juntos es contagioso; encontré aquí a un pueblo al que no le gusta el aislamiento, sino el encuentro. Por eso, si llegar significaba involucrarse con delicadeza en su cultura, dejar esta tierra implica llevarlos en el corazón. Por lo tanto, no nos separamos, sino que, habiéndonos encontrado, seguiremos adelante juntos. Y esperamos que todo Medio Oriente se comprometa con este espíritu de fraternidad y de esfuerzo por la paz, incluso quien hoy se considera enemigo.
Agradezco, pues, los días transcurridos con ustedes y me alegro de haber podido realizar el deseo de mi amado predecesor, el Papa Francisco , que tanto hubiera querido estar aquí. Él, en realidad, está con nosotros, camina con nosotros junto a otros testigos del Evangelio que nos esperan en el abrazo eterno de Dios; somos herederos de aquello que han creído; de la fe, la esperanza y el amor que los han animado.
He visto con cuánta veneración su pueblo honra a la Bienaventurada Virgen María, tan querida tanto para los cristianos como para los musulmanes. He rezado ante la tumba de san Chárbel , percibiendo las profundas raíces espirituales de este país. ¡Cuánta savia de su historia puede sostener el difícil camino hacia el futuro! Me ha conmovido la breve visita al puerto de Beirut, donde la explosión ha devastado no sólo un lugar, sino tantas vidas. He rezado por todas las víctimas y llevo conmigo el dolor y la sed de verdad y de justicia de tantas familias, de todo un país.
Durante estos pocos días, he visto muchos rostros y he estrechado muchas manos, recibiendo de este contacto físico e interior una fuerza de esperanza. Ustedes son fuertes como los cedros, los árboles de sus hermosas montañas, y están llenos de frutos, como los olivos que crecen en la llanura, en el sur y cerca del mar. A propósito, saludo a todas las regiones del Líbano que no he podido visitar: Trípoli y el norte, la Becá y el sur del país, Tiro, Sidón ―lugares bíblicos― todas esas zonas, especialmente en el sur,que viven de modo particular una situación de conflicto y de incertidumbre. A todos extiendo mi abrazo y mi deseo de paz. Y también reitero un llamamiento urgente: que cesen los ataques y las hostilidades. Que ya nadie crea que la lucha armada conlleva algún beneficio. Las armas matan; la negociación, la mediación y el diálogo edifican. ¡Elijamos todos la paz como camino, y no sólo como meta!
Recordemos lo que les dijo san Juan Pablo II : el Líbano, más que un país, es un mensaje. Aprendamos a trabajar juntos y a esperar juntos, para que de verdad esto se haga realidad.
Que Dios bendiga a los libaneses, a todos ustedes, al Medio Oriente y a toda la humanidad. ¡Gracias y hasta pronto! [en árabe].