Resumen
En este Ángelus, el Papa León XIV nos invita a preparar nuestro corazón para la llegada del Reino de Dios, recordándonos que nada es imposible para Él. Nos anima a confiar en la misericordia y a vivir con esperanza, siguiendo el ejemplo de Jesús, el sol naciente en medio de nuestras vidas. Podcast creado por igles-ia.es
Ideas clave
El Evangelio del segundo domingo de Adviento anuncia la cercanía del Reino de Dios y llama a la conversión.
Juan el Bautista invita a aprovechar el momento presente para prepararse para Jesús, que se manifiesta en la mansedumbre y misericordia.
El profeta Isaías y la imagen del renuevo nos recuerdan que de lo aparentemente muerto surge la novedad y la esperanza.
El Concilio Vaticano II renovó la esperanza de la Iglesia, promoviendo la unidad y el diálogo entre cristianos y con otras religiones.
El Papa comparte su viaje ecuménico, destacando la importancia de la paz, la solidaridad y la fe en contextos de crisis en Turquía y Líbano.
Frases destacadas
“El evangelio de este segundo domingo de Adviento nos anuncia la llegada del Reino de Dios.”
“Podemos ser una pequeña luz, si acoge a Jesús, brote de un mundo nuevo.”
“Nada es imposible para Dios.”
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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
El Evangelio de este segundo domingo de Adviento nos anuncia la llegada del Reino de Dios . Antes de Jesús, aparece en escena su precursor, Juan el Bautista. Él predicaba en el desierto de Judea diciendo: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca» .
En la oración del “Padre nuestro”, pedimos cada día: «Venga tu reino». Jesús mismo nos lo enseñó. Y con esta invocación nos orientamos hacia lo nuevo que Dios tiene reservado para nosotros, reconocemos que el curso de la historia no está ya escrito por los poderosos de este mundo. Ponemos nuestros pensamientos y energías al servicio de un Dios que viene a reinar no para dominarnos, sino para liberarnos. Es un “evangelio”, una auténtica buena noticia, que nos motiva y nos involucra.
Ciertamente, el tono del Bautista es severo, pero el pueblo lo escucha porque en sus palabras resuena la llamada de Dios a no jugar con la vida, a aprovechar el momento presente para prepararse al encuentro con Aquel que no juzga por las apariencias, sino por las obras y las intenciones del corazón.
El mismo Juan será sorprendido por la forma en que el Reino de Dios se manifestará en Jesucristo, en la mansedumbre y la misericordia. El profeta Isaías lo compara con un renuevo: una imagen que no es de poder o destrucción, sino de nacimiento y novedad. Sobre ese brote, que surge de un tronco aparentemente muerto, comienza a soplar el Espíritu Santo con sus dones . Todos tenemos el recuerdo de una sorpresa parecida que nos ha ocurrido en la vida.
Es la experiencia que vivió la Iglesia en el Concilio Vaticano II , que concluía precisamente hace sesenta años; una experiencia que se renueva cuando caminamos juntos hacia el Reino de Dios, todos dispuestos a acogerlo y servirlo. Entonces no sólo florecen realidades que parecían débiles o marginales, sino que se realiza lo que humanamente se consideraría imposible, como en las imágenes del profeta: «El lobo habitará con el cordero y el leopardo se recostará junto al cabrito; el ternero y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá» .
Hermanas y hermanos, ¡cuánto necesita el mundo esta esperanza! Nada es imposible para Dios. Preparémonos para su Reino, acojámoslo. El más pequeño, Jesús de Nazaret, nos guiará. Él, que se puso en nuestras manos, desde la noche de su nacimiento hasta la hora oscura de su muerte en la cruz, resplandece en nuestra historia como el sol naciente. Ha comenzado un nuevo día: ¡despertemos y caminemos en su luz!
He aquí la espiritualidad del Adviento, tan luminosa y concreta. Las luces a lo largo de las calles nos recuerdan que cada uno de nosotros puede ser una pequeña luz, si acoge a Jesús, brote de un mundo nuevo. Aprendamos a hacerlo como María, nuestra Madre, mujer que aguarda con confianza y esperanza.