Resumen
En este Ángelus, el Papa León XIV nos invita a reflexionar sobre la esperanza y la fidelidad a la verdad, incluso en medio de la prisión y las dificultades. Nos recuerda que la verdadera libertad y la justicia se encuentran en Jesús, quien anuncia la salvación a los pobres y oprimidos. Podcast creado por igles-ia.es
Ideas clave
Juan el Bautista, encarcelado, nos enseña que la profecía y la búsqueda de la verdad permanecen libres en medio de las dificultades.
Jesús revela su identidad a través de sus obras de sanación y liberación, signo de la presencia de Dios en el mundo.
La esperanza cristiana se fortalece en la alegría del Adviento, que nos invita a confiar en la salvación de Cristo en medio de las pruebas.
La atención a los pobres, enfermos y oprimidos es la forma concreta en que Jesús se revela y cumple su misión.
La Virgen María es modelo de espera activa, alegría y atención a los necesitados, y nos ayuda a imitar su ejemplo en la preparación para la Navidad.
Frases destacadas
“La palabra de Jesús nos libera de la prisión del desánimo y el sufrimiento, toda profecía encuentra en Él el cumplimiento esperado.”
“Cuando Dios viene al mundo, se ve.”
“Alegrémonos, pues, porque Jesús es nuestra esperanza, sobre todo en la hora de la prueba.”
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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
El Evangelio de hoy nos hace visitar en la prisión a Juan el Bautista, que se encuentra encarcelado a causa de su predicación . Sin embargo, él no pierde la esperanza, convirtiéndose para nosotros en un signo de que la profecía, aunque esté encadenada, sigue siendo una voz libre en busca de la verdad y la justicia.
Desde la cárcel, Juan el Bautista oye hablar «de las obras de Cristo» , que son diferentes a las que él esperaba. Entonces envía a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?» . Quienes buscan la verdad y la justicia, quienes esperan la libertad y la paz, interrogan a Jesús. ¿Es Él realmente el Mesías, es decir, el Salvador prometido por Dios a través de los profetas?
La respuesta de Jesús dirige la mirada hacia aquellos a quienes Él ha amado y servido. Son ellos: los últimos, los pobres, los enfermos, quienes hablan por Él. Cristo anuncia quién es a través de lo que hace. Y lo que hace es un signo de salvación para todos nosotros. En efecto, cuando se encuentra a Jesús, la vida carente de luz, de palabra y de sabor recupera su sentido. Los ciegos ven, los mudos hablan, los sordos oyen. La imagen de Dios, desfigurada por la lepra, recobra su integridad y su salud. Hasta los muertos, totalmente insensibles, vuelven a la vida . Este es el Evangelio de Jesús, la buena nueva anunciada a los pobres. Cuando Dios viene al mundo, se ve.
La palabra de Jesús nos libera de la prisión del desánimo y el sufrimiento, toda profecía encuentra en Él el cumplimiento esperado. Es Cristo, de hecho, quien abre los ojos del hombre a la gloria de Dios. Él da la palabra a los oprimidos, a quienes la violencia y el odio les han quitado la voz; Él vence la ideología, que nos hace sordos a la verdad; Él cura las apariencias que deforman el cuerpo.
De este modo, el Verbo de la vida nos redime del mal, que lleva el corazón a la muerte. Por eso, como discípulos del Señor, en este tiempo de Adviento estamos llamados a unir la espera del Salvador a la atención de lo que Dios hace en el mundo. Sólo así podremos experimentar la alegría de la libertad que encuentra a su Salvador: « Gaudete in Domino semper – Alégrense siempre en el Señor» . Con esta invitación se abre la Santa Misa de hoy, tercer domingo de Adviento, llamado por eso domingo Gaudete . Alegrémonos, pues, porque Jesús es nuestra esperanza, sobre todo en la hora de la prueba, cuando la vida parece perder sentido y todo se ve más oscuro, nos faltan las palabras y nos cuesta escuchar al prójimo.
Que la Virgen María, modelo de espera, de atención y de alegría, nos ayude a imitar la obra de su Hijo, compartiendo con los pobres el pan y el Evangelio.