Ángelus 26 de diciembre de 2025 · Semana del 22 de diciembre de 2025

Ángelus, 26 de diciembre de 2025, Fiesta de San Esteban Protomártir

Resumen

En este Ángelus, el Papa León XIV nos recuerda que el martirio es un nacer al cielo y una mirada de fe, incluso en la muerte. Nos invita a elegir la luz y a vivir con amor divino, enfrentando las adversidades con esperanza y fraternidad. Podcast creado por igles-ia.es

Ideas clave

  • San Esteban representa la luz y el amor divino que enfrentan la oscuridad y la injusticia con valentía y perdón.

  • El martirio es un nacimiento al cielo, una elección consciente de venir a la luz en medio de las dificultades.

  • La belleza de Jesús y de sus seguidores provoca reacciones de rechazo por parte de quienes temen perder su poder.

  • La verdadera fuerza del cristiano reside en el amor, la misericordia y la fraternidad, incluso en tiempos de conflicto.

  • La Navidad nos llama a renacer en la luz, promoviendo la paz, la reconciliación y la dignidad humana en nuestro entorno.

Frases destacadas

“Todo lo que Esteban hace y dice representa el amor divino que se manifestó en Jesús, la Luz que brilló en nuestras tinieblas.”

“El nacimiento del Hijo de Dios entre nosotros nos llama a la vida de los hijos de Dios; la hace posible, con un movimiento de atracción experimentado, desde la noche de Belén.”

“Es una fuerza gratuita, presente en el corazón de todos, que se reactiva y se comunica de manera irresistible cuando alguien comienza a mirar a su prójimo de otra manera.”

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Leer el texto íntegro del documento
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Hoy es el “día del nacimiento” de san Esteban, como solían decir las primeras generaciones cristianas, seguras de que no se nace sólo una vez. El martirio es un nacer al cielo: en efecto, una mirada de fe, incluso en la muerte, ya no advierte sólo oscuridad. Venimos al mundo sin decidirlo, pero luego pasamos por muchas experiencias en las que se nos pide cada vez más conscientemente “venir a la luz”, elegir la luz. El relato de los Hechos de los Apóstoles atestigua que quienes vieron a Esteban ir hacia el martirio quedaron sorprendidos por la luz de su rostro y por sus palabras. Está escrito: «los que estaban sentados en el Sanedrín tenían los ojos clavados en él y vieron que el rostro de Esteban parecía el de un ángel» . Es el rostro de quien no pasa indiferente por la historia, sino que la afronta con amor. Todo lo que Esteban hace y dice representa el amor divino que se manifestó en Jesús, la Luz que brilló en nuestras tinieblas. Queridos amigos, el nacimiento del Hijo de Dios entre nosotros nos llama a la vida de los hijos de Dios; la hace posible, con un movimiento de atracción experimentado, desde la noche de Belén, por personas humildes como María, José y los pastores. Pero la belleza de Jesús y de quienes viven como Él es además una belleza rechazada: precisamente por su fuerza de atracción ha suscitado, desde el principio, la reacción de quienes temen perder su poder, de quienes son desenmascarados en su injusticia por una bondad que revela los pensamientos de los corazones . Sin embargo, hasta el día de hoy, ningún poder puede prevalecer por encima de la obra de Dios. En todas partes del mundo existen personas que eligen la justicia, aunque cueste; que anteponen la paz a sus propios temores; que sirven a los pobres en lugar de a sí mismos. Precisamente, entonces brota la esperanza y, a pesar de todo, tiene sentido hacer fiesta. En las condiciones de incertidumbre y sufrimiento del mundo actual, la alegría parecería imposible. Quienes hoy creen en la paz y han elegido el camino desarmado de Jesús y de los mártires, son a menudo ridiculizados, excluidos del debate público y, no pocas veces, acusados de favorecer a adversarios y enemigos. Sin embargo, el cristiano no tiene enemigos, sino hermanos y hermanas, que siguen siéndolo incluso cuando no se comprenden entre ellos. El Misterio de la Navidad nos trae esta alegría: una alegría motivada por la tenacidad de quienes ya viven la fraternidad, de quienes ya reconocen a su alrededor, inclusive en sus adversarios, la dignidad indeleble de las hijas e hijos de Dios. Por eso Esteban murió perdonando, como Jesús: por una fuerza más auténtica que la de las armas. Es una fuerza gratuita, presente en el corazón de todos, que se reactiva y se comunica de manera irresistible cuando alguien comienza a mirar a su prójimo de otra manera, a ofrecerle atención y reconocimiento. Sí, esto es renacer, esto es volver nuevamente a la luz, ¡esta es nuestra Navidad! Dirijámonos ahora a María y contemplémosla bendita entre todas las mujeres que sirven a la vida, que contraponen el cuidado a la prepotencia, la fe a la desconfianza. Que María nos conduzca a su misma alegría, una alegría que disipa todo temor y toda amenaza, así como la nieve se derrite al sol.