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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La paz esté con vosotros.
Muy buenos días. Bienvenidos. ¡Felices fiestas!
Me alegra encontrarme con todos ustedes en este día de la octava de Navidad y os doy la bienvenida. Como comunidad parroquial han preparado mucho esta peregrinación jubilar y, durante este año tan particular para la Iglesia, habéis acompañado al Sucesor de Pedro con vuestras oraciones y generosidad. Os agradezco este gesto de comunión y de cercanía.
Vuestra parroquia está bajo el patrocinio de santo Tomás de Villanueva, un religioso agustino español que estuvo abierto a la acción de Dios en su vida, y cuya disponibilidad lo llevó a hacer mucho bien a la Iglesia y a la sociedad de su tiempo. Conocéis bien su biografía, y la ciudad de Alcalá de Henares, donde vivís, conserva significativas huellas de su paso terreno.
Dando gracias por el testimonio de entrega y fidelidad de este santo obispo, quisiera compartir algunas de sus características distintivas, que pueden ayudarnos a reflexionar a nivel personal, familiar y comunitario. En su vida y en sus escritos, él nos revela una incesante búsqueda de la oración continua , es decir, de una santa inquietud por estar en la presencia de Dios a cada momento. Esto implica una profunda interioridad, conlleva vaciarse de sí mismo para escuchar y para dejar obrar al Señor.
Además de la vida espiritual, santo Tomás de Villanueva se destaca por su laboriosidad . Esta faceta, en un mundo que parece ofrecernos todo de manera cada vez más rápida, más fácil, nos interpela. Su sobriedad y sencillez, su trabajo abnegado —sobre todo en el ámbito universitario— y su celo apostólico nos llevan a pensar que debemos reconocer los talentos que hemos recibido y ponerlos al servicio de la comunidad, con esfuerzo y dedicación, para que se multipliquen en favor de todos.
Por último, quisiera destacar su amor a los pobres , que le mereció el título de “limosnero de Dios”. Me han compartido que en vuestra parroquia este aspecto está muy presente, en gestos y obras concretos –el Obispo me podrá decir después si es verdad eso o no–. Os agradezco esta sensibilidad, porque «el pobre no es sólo alguien a quien se ayuda, sino la presencia sacramental del Señor» .
Queridos peregrinos, los animo a seguir adelante tras las huellas de Cristo, el testimonio de los santos nos alienta y estimula en este apasionante camino. Que Dios os bendiga y que Nuestra Señora del Val os acompañe siempre. Muchas gracias.
Oremos juntos: Padre Nuestro…
Bendición Apostólica del Santo Padre
¡Muchas felicidades, buena peregrinación y feliz año nuevo!