Audiencia 14 de enero de 2026 · Semana del 12 de enero de 2026

Audiencia general del 14 de enero de 2026 - Catequesis - Los documentos del Concilio Vaticano II. I Constitución dogmática Dei Verbum. 1. Dios habla a los hombres como amigos

Resumen

En esta audiencia, el Papa León XIV nos recuerda que Jesucristo transforma radicalmente nuestra relación con Dios, convirtiéndola en una amistad fundada en el amor. La Revelación divina no es solo palabras, sino un diálogo que nos invita a conocernos y acercarnos más a Él. Escuchar y hablar con Dios son pasos esenciales para fortalecer nuestra unión y vivir en su amor. Podcast creado por igles-ia.es

Ideas clave

  • La relación entre Dios y el hombre en la Revelación es de amistad, fundamentada en el amor divino y la comunicación sincera.

  • Dios habla a los humanos como amigos, invitándolos a una relación dialógica que requiere escucha y oración.

  • La Revelación cristiana restablece el diálogo interrumpido por el pecado, haciendo posible una alianza eterna y cercana con Dios.

  • La diferencia entre palabra y charla resalta que la comunicación con Dios revela quiénes somos y fortalece nuestra amistad con Él.

  • La oración, tanto comunitaria como personal, es esencial para cultivar y mantener la amistad con Dios, alimentando nuestra vida de fe.

Frases destacadas

“Jesucristo transforma radicalmente la relación del hombre con Dios; de ahora en adelante, será una relación de amistad.”

“Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor, y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía.”

“La Revelación de Dios, por tanto, posee el carácter dialógico de la amistad y, como sucede en la experiencia de la amistad humana, no soporta el mutismo, sino que se alimenta del intercambio de palabras verdaderas.”

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Leer el texto íntegro del documento
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos! Hemos iniciado el ciclo de catequesis sobre el Concilio Vaticano II . Hoy comenzamos a profundizar en la Constitución dogmática Dei Verbum sobre la divina Revelación . Se trata de uno de los documentos más bellos y más importantes de la asamblea conciliar; para introducirnos en él, puede sernos útil recordar las palabras de Jesús: « Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre » . Este es un punto fundamental de la fe cristiana que nos recuerda la Dei Verbum : Jesucristo transforma radicalmente la relación del hombre con Dios; de ahora en adelante, será una relación de amistad. Por eso, la única condición de la nueva alianza es el amor. Al comentar este pasaje del cuarto Evangelio, San Agustín insiste en la perspectiva de la gracia, que es la única que puede hacernos amigos de Dios en su Hijo . Efectivamente, un antiguo lema decía: “ Amicitia aut pares invenit, aut facit ”, “la amistad o nace entre iguales o los hace tales”. Nosotros no somos iguales a Dios, pero Dios mismo nos hace semejantes a Él en su Hijo. Por eso, como podemos ver en todas las Escrituras, en la Alianza hay un primer momento de distancia, ya que el pacto entre Dios y el hombre permanece siempre asimétrico: Dios es Dios y nosotros somos criaturas. Pero con la venida del Hijo en la carne humana, la Alianza se abre a su fin último: en Jesús, Dios nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a Él a pesar de nuestra frágil humanidad. Nuestra semejanza con Dios, entonces, no se alcanza mediante la transgresión y el pecado, como sugirió la serpiente a Eva , sino en la relación con el Hijo hecho hombre. Las palabras del Señor Jesús que hemos recordado – “ Yo los llamo amigos ” – son retomadas en la Constitución Dei Verbum , que afirma: «Por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor, y mora con ellos , para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» . El Dios del Génesis ya se manifestó a nuestros primeros padres, dialogando con ellos ; y cuando este diálogo se interrumpió a causa del pecado, el Creador no dejó de procurar encontrarse con sus criaturas y establecer una alianza con ellas cada vez. En la Revelación cristiana, es decir, cuando Dios se hace carne en su Hijo para venir a buscarnos, el diálogo que se había interrumpido se restablece de manera definitiva: la Alianza es nueva y eterna, nada nos puede separar de su amor. La Revelación de Dios, por tanto, posee el carácter dialógico de la amistad y, como sucede en la experiencia de la amistad humana, no soporta el mutismo, sino que se alimenta del intercambio de palabras verdaderas. La Constitución Dei Verbum nos recuerda también esto: Dios nos habla. Es importante comprender la diferencia entre la palabra y la charla: esta última se detiene en la superficie y no realiza una comunión entre las personas, mientras que en las relaciones auténticas, la palabra no solo sirve para intercambiar informaciones y noticias, sino también para revelar quiénes somos. La palabra posee una dimensión reveladora que crea una relación con el otro. Así, hablándonos, Dios se nos revela como Aliado que nos invita a la amistad con Él. Desde esta perspectiva, la primera actitud que hemos de cultivar es la escucha, para que la Palabra divina pueda penetrar en nuestras mentes y en nuestros corazones. Al mismo tiempo, estamos llamados a hablar con Dios, no para comunicarle lo que Él ya sabe, sino para revelarnos a nosotros mismos. De ahí la necesidad de la oración, en la que estamos llamados a vivir y a cultivar la amistad con el Señor. Esto se realiza, primeramente, en la oración litúrgica y comunitaria, en la que no somos nosotros quienes decidimos qué escuchar de la Palabra de Dios, sino que es Él mismo quien nos habla por medio de la Iglesia. Además, se cumple en la oración personal, que tiene lugar en el interior del corazón y de la mente. Durante la jornada y la semana del cristiano no puede faltar el tiempo dedicado a la oración, a la meditación y a la reflexión. Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él. Nuestra experiencia nos dice que las amistades pueden terminar a causa de algún gesto clamoroso de ruptura, o también por una serie de desatenciones cotidianas que desgastan la relación hasta romperla. Si Jesús nos llama a ser sus amigos, intentemos no desoír su llamada. Acojámosla, cuidemos esta relación, y descubriremos que la amistad con Dios es nuestra salvación.