Discurso 5 de febrero de 2026 · Semana del 2 de febrero de 2026

A los sacerdotes y monjes de las Iglesias Ortodoxas Orientales (5 de febrero de 2026)

Resumen

El Papa León XIV en este discurso resalta la importancia de la unidad entre las iglesias ortodoxas y la Iglesia Católica, fomentando el respeto mutuo, el apoyo fraterno y la cooperación en la búsqueda de la paz. Destaca cómo la diversidad cultural enriquece nuestra herencia cristiana y nos llama a desarmarnos interiormente para fortalecer los lazos de amor y comprensión. Podcast creado por igles-ia.es

Ideas clave

  • La unidad de los cristianos es un don de Dios que requiere esfuerzo y apertura mutua para su realización plena.

  • San Pedro y san Pablo enseñan que la paz y la comunión en Cristo son esenciales para la misión de la Iglesia.

  • Las diferencias culturales e históricas enriquecen el mosaico de la herencia cristiana, pero no deben dividirla.

  • El desarme interior y la eliminación de prejuicios son pasos necesarios para fortalecer la fraternidad ecuménica.

  • La oración común y el testimonio de vida son instrumentos fundamentales para avanzar hacia la unidad en Cristo y promover la paz en la tierra.

Frases destacadas

“Paz a todos vosotros, los que vivís en Cristo”

“Que el Señor os bendiga y que la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, os proteja y proteja vuestras amadas Iglesias”

#unidad ecuménica #fe cristiana #reconciliación #diálogo interreligioso #paz y fraternidad
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¡La paz esté con vosotros! Buenos días y bienvenidos. La primera carta de Pedro dice: “Paz a todos vosotros, los que vivís en Cristo” . Con estas mismas palabras de san Pedro os doy la bienvenida a vosotros, sacerdotes y monjes que representáis a las Iglesias ortodoxas armenia, copta, etíope, eritrea, malankar y siria. También saludo fraternalmente al Arzobispo Khajag Barsamian y al Metropolita Barnaba El-Soryani, que os acompañan. Quisiera también expresar mi respeto y gratitud a los venerables líderes de vuestras Iglesias ortodoxas orientales, que os han llamado a participar en esta visita de estudio organizada por el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos . Espero que hayáis apreciado esta visita, dirigida a daros la oportunidad de aprender más sobre la Iglesia Católica, especialmente sobre la Curia Romana y las instituciones educativas romanas. Confío en que vuestra visita haya sido también una bendición para todos aquellos que os han conocido aquí, permitiéndoles aprender más sobre vuestras Iglesias. Como sabéis, recientemente hemos celebrado la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, cuyo tema se tomó de la Carta de san Pablo a los Efesios, en la que el apóstol subraya la importancia de estar unidos en la fe: “Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido llamados” . Como sabemos, san Pablo viajó extensamente por Israel, Asia Menor, Siria, Arabia e incluso por Europa. Fundando y visitando muchas comunidades cristianas, se dio cuenta de las particularidades de cada iglesia, es decir, de su etnicidad, de sus costumbres, así como de sus dificultades y preocupaciones. El apóstol comprendió que las comunidades podían encerrarse demasiado en sí mismas, concentrándose sobre sus propios problemas específicos. Por eso, en todas sus cartas, san Pablo fue firme al recordarles que formaban parte del único Cuerpo Místico de Cristo. De este modo, los animaba a apoyarse recíprocamente y a mantener la unidad de fe y de enseñanzas que refleja la naturaleza trascendente y la unidad de Dios. Queridos amigos, las diferencias históricas y culturales de nuestras Iglesias constituyen un espléndido mosaico de nuestra común herencia cristiana, que es algo que todos podemos apreciar. Al mismo tiempo, hemos de seguir sosteniéndonos recíprocamente, de modo que podamos crecer en nuestra fe compartida en Cristo, que es la fuente última de nuestra paz . Esto exige que aprendamos a “desarmarnos”. Como afirmó en una hermosa oración el Patriarca Atenágoras, pionero del movimiento ecuménico: “ Estoy desarmado de la voluntad de tener razón, de justificarme descalificando a los demás” haciendo “ la guerra más dura, que es la guerra contra uno mismo”. Cuando eliminamos los prejuicios que tenemos en nuestro interior y desarmamos nuestros corazones, crecemos en caridad, colaboramos más estrechamente y reforzamos nuestros vínculos de unidad en Cristo. De este modo, la unidad de los cristianos se convierte también en un fermento para la paz en la tierra y la reconciliación de todos. Queridos hermanos en Cristo, renuevo mi agradecimiento por vuestra visita y os aseguro mi recuerdo en la oración. Que el Señor os bendiga y que la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, os proteja y proteja vuestras amadas Iglesias. Muchas gracias. Os invito a rezar juntos la oración del Señor: Padre nuestro … Que la bendición del Señor nos acompañe y nos guarde. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.