Resumen
En este Ángelus, el Papa León XIV nos invita a vivir la Cuaresma como un camino de renovación espiritual a través de la oración, el ayuno y la limosna. Nos recuerda que, a pesar de las tentaciones, podemos florecer en el amor y alcanzar la felicidad verdadera. Podcast creado por igles-ia.es
Ideas clave
La Cuaresma es un itinerario de conversión que invita a la oración, el ayuno y la limosna para renovar nuestra vida espiritual.
Jesús, guiado por el Espíritu, enfrenta las tentaciones del diablo en el desierto, ejemplo de resistencia y fidelidad a Dios.
Las tentaciones de riqueza, poder y fama son falsos caminos de satisfacción que dejan insatisfacción y vacío.
La penitencia en la Cuaresma enriquece y fortalece nuestra humanidad, acercándonos al amor y abandono en el Señor.
El Papa expresa su preocupación por la guerra en Ucrania, llamando a la paz, la oración y el diálogo para detener el sufrimiento.
Frases destacadas
“el Evangelio nos habla de Jesús que, guiado por el Espíritu, va al desierto y es tentado por el diablo”
“Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella”
“San Pablo VI enseñaba que la penitencia, lejos de empobrecer nuestra humanidad, la enriquece, purificándola y fortaleciéndola en su camino hacia un horizonte «que tiene como término el amor y el abandono en el Señor»”
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Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz domingo!
Hoy, primer domingo de Cuaresma, el Evangelio nos habla de Jesús que, guiado por el Espíritu, va al desierto y es tentado por el diablo . Después de ayunar durante cuarenta días, siente el peso de su humanidad: el hambre a nivel físico y las tentaciones del diablo a nivel moral. Enfrenta la misma dificultad que todos experimentamos en nuestro camino y, resistiendo al demonio, nos muestra cómo vencer sus engaños y sus trampas.
La liturgia, con esta Palabra de vida, nos invita a considerar la Cuaresma como un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible. Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera.
Es verdad, se trata de un camino exigente, y existe el riesgo de que nos desanimemos o de que nos dejemos seducir por caminos de satisfacción menos agotadores, como la riqueza, la fama y el poder . Estas tentaciones, que también fueron las de Jesús, no son más que pobres sucedáneos de la alegría para la que fuimos creados y que, al final, nos dejan inevitable y eternamente insatisfechos, inquietos y vacíos.
Por eso, san Pablo VI enseñaba que la penitencia, lejos de empobrecer nuestra humanidad, la enriquece, purificándola y fortaleciéndola en su camino hacia un horizonte «que tiene como término el amor y el abandono en el Señor» . De hecho, la penitencia, al tiempo que nos hace conscientes de nuestras limitaciones, nos da la fuerza para superarlas y vivir, con la ayuda de Dios, una comunión cada vez más intensa con Él y entre nosotros.
En este tiempo de gracia, practiquémosla generosamente, junto con la oración y las obras de misericordia; demos espacio al silencio, apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone . Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros, en las familias, en los lugares de trabajo y en las comunidades. Dediquemos tiempo a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos. Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario. Entonces, como dice san Agustín, “nuestra oración, hecha con humildad y caridad, acompañada del ayuno y las limosnas, de la templanza y del perdón; practicando el bien y no devolviendo mal por mal, alejándonos del mal y entregándonos a la virtud, llegará al Cielo y nos dará la paz” .
A la Virgen María, Madre que siempre asiste a sus hijos en la prueba, le confiamos nuestro camino cuaresmal.