Ángelus 1 de marzo de 2026 · Semana del 23 de febrero de 2026

Ángelus, 1 de marzo de 2026

Resumen

En este Ángelus, el Papa León XIV comparte cómo la Transfiguración revela la gloria y la magnificencia de Jesús, manifestando que Él es la Sabiduría viviente entre la Ley y la Profecía. Nos invita a reflexionar sobre la luz que ilumina nuestras vidas y a confiar en la revelación de Dios en medio de nuestra historia. Podcast creado por igles-ia.es

Ideas clave

  • La Transfiguración revela la gloria divina de Jesús, que brilla como el sol y muestra su identidad como Hijo amado de Dios.

  • Este evento anticipa la luz de la Pascua, que ilumina las heridas y el sufrimiento del mundo con la gloria de Cristo resucitado.

  • La revelación de Dios en Jesús requiere tiempo de silencio, oración y conversión para comprender su significado profundo.

  • El Papa expresa preocupación por los conflictos en Oriente Medio, Irán, Pakistán y Afganistán, llamando al diálogo y a la paz.

  • Se reza por las víctimas de desastres naturales en Minas Gerais y por la convivencia pacífica en el mundo, confiando en la misericordia de Dios.

Frases destacadas

“Todo lo que Dios ha mandado e inspirado a los hombres encuentra en Jesús su manifestación plena y definitiva.”

“El Señor, cuando se manifiesta, nos revela su magnificencia.”

“Su revelación es una sorpresa de salvación!”

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Leer el texto íntegro del documento
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo! El Evangelio de la liturgia de hoy compone para todos nosotros un icono lleno de luz, narrando la Transfiguración del Señor . Para representarlo, el evangelista sumerge su pluma en la memoria de los apóstoles, pintando a Cristo entre Moisés y Elías. El Verbo hecho hombre se encuentra entre la Ley y la Profecía; él es la Sabiduría viviente, que lleva a cumplimiento cada palabra divina. Todo lo que Dios ha mandado e inspirado a los hombres encuentra en Jesús su manifestación plena y definitiva. Como en el día del bautismo en el Jordán, también hoy escuchamos la voz del Padre en el monte, que proclama: «Este es mi Hijo muy querido», mientras el Espíritu Santo cubre a Jesús con una «nube luminosa» . Con esta expresión, realmente singular, el Evangelio describe el estilo de la revelación de Dios. El Señor, cuando se manifiesta, nos revela su magnificencia; frente a Jesús, cuyo rostro brilla «como el sol» y cuyas vestiduras se vuelven «blancas como la luz» , los discípulos admiran el esplendor humano de Dios. Pedro, Santiago y Juan contemplan una gloria humilde, que no se exhibe como un espectáculo para las multitudes, sino como una confidencia solemne. La Transfiguración anticipa la luz de la Pascua, acontecimiento de muerte y de resurrección, de tinieblas y de luz nueva que Cristo irradia sobre todos los cuerpos flagelados por la violencia, sobre los cuerpos crucificados por el dolor, sobre los cuerpos abandonados en la miseria. En efecto, mientras el mal reduce nuestra carne a una mercancía o a una masa anónima, precisamente esta misma carne resplandece con la gloria de Dios. El Redentor transfigura así las llagas de la historia, iluminando nuestra mente y nuestro corazón. ¡Su revelación es una sorpresa de salvación! ¿Aún nos atrae? El verdadero rostro de Dios, ¿encuentra en nosotros una mirada de admiración y de amor? El Padre responde a la desesperación del ateísmo con el don del Hijo Salvador; el Espíritu Santo nos rescata de la soledad agnóstica ofreciéndonos una comunión eterna de vida y de gracia; frente a nuestra fe débil, se encuentra el anuncio de la resurrección futura. Esto es lo que los discípulos habían visto en el fulgor de Cristo, pero para comprenderlo se necesita tiempo . Tiempo de silencio para escuchar la Palabra, tiempo de conversión para gustar de la compañía del Señor. Mientras experimentamos todo esto durante la Cuaresma, pidamos a María, Maestra de oración y Estrella de la mañana, que custodie nuestros pasos en la fe.