Ángelus 15 de marzo de 2026 · Semana del 9 de marzo de 2026

Ángelus, 15 de marzo de 2026

Resumen

En este Ángelus, el Papa León XIV nos invita a abrir los ojos a la verdad y a la luz de Cristo, quien nos ayuda a ver más allá de las tinieblas y a reconocer su presencia en nuestra vida. Nos llama a vivir un cristianismo de ojos abiertos, comprometido con la justicia, la paz y la solidaridad. Podcast creado por igles-ia.es

Ideas clave

  • La curación del ciego en el Evangelio simboliza la apertura de los ojos del alma a la verdad y a Dios a través de la fe en Cristo.

  • La fe cristiana no es un salto en la oscuridad, sino una participación en la visión de Jesús, que ilumina nuestra vida y nos llama a ver con sus ojos.

  • Es fundamental vivir un cristianismo consciente, atento a los sufrimientos del mundo y comprometido con la justicia, la paz y la solidaridad.

  • El Papa expresa su cercanía en oración a las víctimas de la violencia en Oriente Medio y pide el fin de las hostilidades mediante el diálogo.

  • Se invita a los jóvenes y fieles presentes a vivir su fe con valentía y sencillez, dando testimonio de Cristo en sus vidas.

Frases destacadas

“En efecto, podemos decir que todos nosotros somos “ciegos de nacimiento”, porque solos no podemos ver en profundidad el misterio de la vida.”

“La fe no es un acto ciego, un renunciar a la razón, una disposición de cierta convicción religiosa que nos lleva a alejar la mirada del mundo.”

“Dios envió a su Hijo como luz del mundo, para abrir los ojos de los ciegos e iluminar nuestra vida.”

#fe cristiana #luz del mundo #justicia #paz #Oriente Medio
Leer el texto íntegro del documento
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo! El Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma nos relata la curación de un hombre ciego de nacimiento . Por medio de la simbología de este episodio, el evangelista Juan nos habla del misterio de la salvación: mientras estábamos en la oscuridad, mientras la humanidad caminaba en las tinieblas , Dios envió a su Hijo como luz del mundo, para abrir los ojos de los ciegos e iluminar nuestra vida. Los profetas habían anunciado que el Mesías abriría los ojos de los ciegos . Jesús mismo acredita su misión mostrando que «los ciegos ven» ; y se presenta diciendo: «Yo soy la luz del mundo» . En efecto, podemos decir que todos nosotros somos “ciegos de nacimiento”, porque solos no podemos ver en profundidad el misterio de la vida. Por eso Dios se hizo carne en Jesús, para que el barro de nuestra humanidad, amasado con el aliento de su gracia, pudiera recibir una luz nueva, que nos hace capaces de ver finalmente a Dios, a los demás y a nosotros mismos en la verdad. Llama la atención el hecho de que durante siglos se haya difundido la opinión, presente aún hoy, según la cual la fe sería una especie de “salto en la oscuridad”, una renuncia a pensar, por lo que tener fe significaría creer “ciegamente”. El Evangelio, en cambio, nos dice que en contacto con Cristo los ojos se abren, hasta el punto de que las autoridades religiosas piden con insistencia al ciego sanado: «¿Cómo se te han abierto los ojos?» ; y también: «¿Cómo te abrió los ojos?» . Hermanos y hermanas, también nosotros, sanados por el amor de Cristo, estamos llamados a vivir un cristianismo “de ojos abiertos”. La fe no es un acto ciego, un renunciar a la razón, una disposición de cierta convicción religiosa que nos lleva a alejar la mirada del mundo. Por el contrario, la fe nos ayuda a mirar «desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver» y, por eso, nos pide que “abramos los ojos”, como hacía Él, sobre todo a los sufrimientos de los demás y a las heridas del mundo. Hoy, en particular, frente a las numerosas preguntas del corazón humano y a las dramáticas situaciones de injusticia, violencia y sufrimiento que marcan nuestro tiempo, es necesaria una fe despierta, atenta y profética, que abra los ojos ante las oscuridades del mundo y lleve allí la luz del Evangelio por medio de un compromiso de paz, de justicia y de solidaridad. Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros, para que la luz de Cristo abra los ojos de nuestro corazón y podamos dar testimonio de Él con sencillez y valentía.