Resumen
El Papa León XIV en este discurso destaca la importancia del amor y el servicio en la presencia de Dios. Reconoce el valor de la fraternidad y la humildad como caminos para acercarnos a Dios y fortalecer nuestra fe en comunidad. Un mensaje de esperanza y compromiso para vivir el Evangelio en la vida cotidiana. Podcast creado por igles-ia.es
Ideas clave
El amor y el servicio en comunidades de cuidado reflejan la presencia de Dios en medio de los ancianos.
La fraternidad y la sencillez son caminos para revelar la cercanía de Dios en la vida cotidiana.
Agradecer y reconocer el trabajo de las religiosas fortalece la misión de la Iglesia en la atención a los vulnerables.
La esperanza en Cristo impulsa a la comunidad a vivir en alegría y confianza en la misericordia divina.
El testimonio de amor fraterno en la vejez es una invitación a todos a vivir con dignidad y fe.
Frases destacadas
“Porque donde hay amor y servicio, allí está Dios.”
“El corazón de Dios está con los pequeños, con los humildes, y con ellos lleva adelante su Reino de amor y de paz.”
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Leer el texto íntegro del documento
Excelencias, queridas religiosas, queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! As-salamu alaykum!
Les agradezco por recibirme en esta casa. Estoy contento porque Dios habita aquí, porque donde hay amor y servicio, allí está Dios.
Agradezco a las Hermanitas de los Pobres y al personal de esta residencia. Gracias, Madre Filomena, por la bienvenida que me ha brindado.
Gracias, Monseñor Desfarges, por sus palabras, por sus conmovedoras palabras. Escuchándolo y viendo su presencia aquí en medio de los hermanos y hermanas ancianos, surge espontáneamente la alabanza y el agradecimiento a Dios. Como hizo Jesús aquel día, en el que, estremecido de gozo por el Espíritu Santo, dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido» .
Agradezco al señor Salah Bouchemel su testimonio, tan hermoso y consolador. Pienso que el Señor, desde el cielo, viendo una casa como esta, donde se busca vivir juntos en fraternidad, puede pensar: ¡pues hay esperanza! Sí, porque el corazón de Dios está desgarrado por las guerras, la violencia, las injusticias y las mentiras. Pero el corazón de nuestro Padre no está con los malvados, con los prepotentes, con los soberbios; el corazón de Dios está con los pequeños, con los humildes, y con ellos lleva adelante su Reino de amor y de paz, cada día. Como tratan de hacerlo ustedes aquí en el servicio cotidiano, en su amistad y en la vida comunitaria.
¡Gracias, queridas hermanas y queridos hermanos, por este encuentro! Los tengo presentes en mi oración y de corazón les doy mi bendición.