Resumen
El Papa León XIV en este discurso destaca la importancia de la unión, la fe y el amor en la atención a las personas con ELA. Resalta cómo la cercanía, la solidaridad y la esperanza son esenciales para enfrentar el sufrimiento y vivir con dignidad, enseñando el verdadero valor de la vida. Podcast creado por igles-ia.es
Frases destacadas
“Ustedes son una asociación que une a personas que viven con la enfermedad, familiares y «cuidadores», en una alianza terapéutica de gran cercanía y proximidad que encarna bien el estilo mismo de Jesús hacia quienes sufren.”
“Cada día, con compromiso, fe y valentía, dan testimonio de que la bondad y el valor de la vida son más grandes que la enfermedad y de que, además, juntos se pueden afrontar las dificultades que esta conlleva, transformándolas en ocasiones especiales y privilegiadas para dar y recibir amor.”
“Nadie debe quedar solo nunca, y el voluntariado, al unirse a ustedes de manera gratuita, hace realidad con fuerza este valor, poniendo en circulación la solidaridad y el respeto.”
Leer el texto íntegro del documento
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡La paz esté con ustedes!
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Los saludo cordialmente y les agradezco este encuentro, así como todo lo que hacen por la protección, la asistencia y el cuidado de los enfermos de esclerosis lateral amiotrófica.
Ustedes son una asociación que une a personas que viven con la enfermedad, familiares y «cuidadores», en una alianza terapéutica de gran cercanía y proximidad que encarna bien el estilo mismo de Jesús hacia quienes sufren .
La primera contribución de este «pacto», que deseo destacar, es la de quienes padecen ELA y, cada día, con compromiso, fe y valentía, dan testimonio de que la bondad y el valor de la vida son más grandes que la enfermedad y de que, además, juntos se pueden afrontar las dificultades que esta conlleva, transformándolas en ocasiones especiales y privilegiadas para dar y recibir amor. ¡Gracias por ello! Ustedes, como profetas, enseñan a todos el verdadero valor de la vida, ¡y nuestro mundo necesita tanto este mensaje!
La Asociación apoya además la investigación científica, la formación, la información y la asistencia, desempeñando también un importante papel de representación y de advocacy , y sensibilizando a las personas, las comunidades y las instituciones, incluso a nivel civil, allí donde sea necesario proteger los derechos de quienes necesitan ayuda.
Otro aspecto de su estilo de trabajo es la proximidad, a partir de la cercanía territorial, que los lleva a estar presentes en los hogares de quienes sufren. Esto también es muy importante, porque el cuidado de la salud, además de organización y competencia, requiere presencia, incluso física, por el bien de la persona en sus diversas dimensiones: biológica, psíquica y espiritual. La Iglesia valora mucho este «estar cerca»: acompañar a las personas allí donde se encuentran, en sus hogares, para ofrecerles un acompañamiento no solo asistencial, sino también espiritual, prestando especial atención a las preguntas sobre el sentido que suscita el dolor y que no pueden quedar sin respuesta.
En las diversas situaciones de la vida, sobre todo en las difíciles, nadie debe quedar solo nunca, y el voluntariado, al unirse a ustedes de manera gratuita, hace realidad con fuerza este valor, poniendo en circulación la solidaridad y el respeto, y respondiendo con gestos de cuidado a la cultura del descarte y de la muerte .
Queridos hermanos y hermanas, Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, que recorrió ciudades y aldeas «curando todas las enfermedades y dolencias» , quiso vivir a su vez la pasión, su Vía Crucis , como tiempo de prueba, de dolor físico y de sufrimiento espiritual. Se solidarizó con nosotros hasta el final, mostrándonos, sin embargo, con su cruz y su resurrección, que el dolor y el sufrimiento no pueden detener el amor ni anular el poder de Dios . Por eso todos nosotros, hijos de su Pascua, somos el pueblo de la esperanza, que no se rinde ante las dificultades, sino que, unidos y solidarios, con la ayuda de Dios, seguimos caminando, sin rendirnos nunca, sin rendirnos. Y por ello les agradezco de corazón su valentía: ¡no se rindan, caminen con esta valentía y la esperanza en el Señor!
¡Gracias por lo que hacen! Los acompaño con mi oración y, encomendándolos a María y a tantos santos héroes de la caridad, los bendigo de todo corazón.