Discurso 15 de junio de 2026 · Semana del 15 de junio de 2026

A la delegación de la «United Jewish Appeal Federation of New York» (Federación de Filantropías Judías de Nueva York) (15 de junio de 2026)

Resumen

El Papa León XIV en este discurso afirma que la colaboración entre la Iglesia y la comunidad judía refleja un compromiso compartido por la ayuda humanitaria, la dignidad de todos y la construcción de un mundo de paz. Destaca la importancia del diálogo y la fraternidad como caminos hacia la comprensión mutua. Podcast creado por igles-ia.es

Ideas clave

  • La historia compartida entre la Iglesia y el pueblo judío fundamenta el respeto y la colaboración mutua.

  • Nostra aetate abrió un nuevo horizonte de encuentro, respeto y hospitalidad espiritual entre ambas comunidades.

  • El rechazo a toda forma de discriminación y antisemitismo es esencial para promover la dignidad humana.

  • El servicio a los vulnerables refleja el compromiso de ambas instituciones con la fraternidad y la justicia.

  • El diálogo y la cooperación fortalecen la paz y la comprensión en un mundo dividido y herido por conflictos.

Frases destacadas

“Su organización actúa como instrumento de la filantropía judía a nivel mundial, proporcionando ayuda humanitaria esencial y servicios sociales a las poblaciones vulnerables”

“Ese documento histórico, del cual la Iglesia celebró el año pasado el 60.º aniversario, «abrió un nuevo horizonte de encuentro, respeto y hospitalidad espiritual»”

“Cuando compartimos nuestro pan con los hambrientos y cuidamos de los necesitados, «la luz [del Señor] amanecerá como la aurora»”

#diálogo interreligioso #judíos y cristianos #antisémitismo #fraternidad #paz #solidaridad
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Distinguidos representantes de la United Jewish Appeal - Federación de Nueva York, queridos amigos, ¡La paz esté con ustedes! Es una alegría darles la bienvenida a todos al Vaticano esta mañana. Su organización actúa como instrumento de la filantropía judía a nivel mundial, proporcionando ayuda humanitaria esencial y servicios sociales a las poblaciones vulnerables —por ejemplo, a quienes viven en la pobreza, a los refugiados, a las personas mayores y a las personas con discapacidad— en Nueva York, en el Estado de Israel y en más de setenta países. Estos esfuerzos reflejan un claro reconocimiento de la dignidad humana y de la fraternidad, en sintonía con el compromiso de la Iglesia con el desarrollo humano integral y el llamado a amar al prójimo. Este compromiso compartido tiene un significado especial a la luz de nuestra historia común. Hace sesenta y seis años, una delegación de su organización fue recibida por el Papa Juan XXIII . Con las sencillas y, sin embargo, profundas palabras «Yo soy José, su hermano», citando el Libro del Génesis , él afirmó nuestra humanidad común, así como nuestra descendencia común de Abraham, Isaac, Jacob y José. Posteriormente se redactó un tratado que describía una nueva relación entre la Iglesia católica y el judaísmo. Ese tratado fue el fundamento de lo que se convirtió en «el corazón y el núcleo generativo» de Nostra aetate , la Declaración del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Ese documento histórico, del cual la Iglesia celebró el año pasado el 60.º aniversario, «abrió un nuevo horizonte de encuentro, respeto y hospitalidad espiritual» . Afirmaba, entre otras cosas, la verdad de que pertenecemos a una única familia humana. De este modo, plantó una semilla de esperanza que «ha crecido hasta convertirse en un árbol fuerte, ofreciendo refugio y dando ricos frutos de comprensión, amistad, cooperación y paz» . Al reconocer la dignidad inherente de todos los hombres y todas las mujeres, Nostra aetate adoptó una postura firme contra el antisemitismo y declaró que la Iglesia rechaza toda forma de discriminación o persecución perpetrada por motivos de raza, color, condición social y religión . En un mundo aún herido por la división y el conflicto, nos invitaba a superar los malentendidos del pasado para avanzar hacia la colaboración por el bien común. Este mismo espíritu de solidaridad encuentra su expresión concreta en nuestra preocupación común por quienes se encuentran en necesidad. En mi Exhortación Apostólica Dilexi te señalé que «el amor es, ante todo, un modo de concebir la vida, un modo de vivirla» . El servicio a los pobres, a los marginados y a los indefensos es una forma de encontrar lo sagrado; a través de ellos, la voz divina sigue hablándonos . Como nos recuerda el profeta Isaías, cuando compartimos nuestro pan con los hambrientos y cuidamos de los necesitados, «la luz [del Señor] amanecerá como la aurora» . Esa luz nos invita a ver el servicio a los vulnerables como un camino que abre los corazones y renueva la sociedad. Queridos amigos, les agradezco la dedicación con la que asisten a los pobres y a los necesitados, combaten el odio y la intolerancia, y trabajan para construir un mundo mejor para todos. Que su misión fortalezca el diálogo, profundice el entendimiento mutuo y contribuya a la paz que tanto se necesita en nuestro mundo. Les aseguro mis oraciones por ustedes, por sus seres queridos y por aquellos a quienes sirven. Gracias.