Ángelus 21 de junio de 2026 · Semana del 15 de junio de 2026

Ángelus, 21 de junio de 2026

Resumen

En este Ángelus, el Papa León XIV nos invita a escuchar en lo secreto de nuestro corazón y a proclamar con valentía el Evangelio, guiados por la fuerza del Espíritu Santo y la autenticidad de nuestra fe. Nos recuerda que todos estamos llamados a ser testigos de Cristo en nuestras vidas diarias. Podcast creado por igles-ia.es

Ideas clave

  • El anuncio del Evangelio requiere una experiencia personal y auténtica con Cristo, basada en la escucha interior y la contemplación.

  • La fuerza del apostolado proviene del Espíritu Santo y de una respuesta sincera y madura de cada creyente.

  • Todos estamos llamados a ser discípulos misioneros, reflejando la luz del Evangelio en todos los ambientes y circunstancias.

  • La fidelidad a las enseñanzas de Jesús es especialmente difícil en contextos de hostilidad y persecución, pero es esencial perseverar en el amor y la mansedumbre.

  • La oración y la relación profunda con Jesús fortalecen nuestra misión y nos ayudan a transmitir esperanza y paz en un mundo necesitado.

Frases destacadas

“Lo que les digo en la oscuridad, díganlo a la luz, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde la azotea.”

“El anuncio del Evangelio es ante todo compartir un encuentro personal con Él, único para cada quien.”

“Todos podemos hacerlo, esforzándonos por dedicar, entre los compromisos de cada día, momentos de quietud para permanecer en silencio ante Dios, escuchar su voz, encomendarle nuestras alegrías y nuestras preocupaciones.”

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo! En el Evangelio de la liturgia de hoy Jesús, al enviar a los discípulos a la misión, les dirige esta exhortación: «Lo que les digo en la oscuridad, díganlo a la luz, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde la azotea» . Establece una relación entre lo que escuchamos “al oído”, es decir, en lo secreto del corazón, y lo que estamos llamados a proclamar a todos, recordándonos que el anuncio del Evangelio es ante todo compartir un encuentro personal con Él, único para cada quien. La fuerza del apostolado, más allá de las técnicas y los instrumentos, se basa en la obra del Espíritu Santo en nosotros y en la autenticidad de nuestra respuesta. Santo Tomás de Aquino hablaba de la predicación como la transmisión a otros de lo que hemos contemplado: “ contemplata aliis tradere ” . Sin embargo, no hay que pensar en el “contemplar” como una experiencia exclusiva, reservada a algunos santos o a los monjes y a los ermitaños. Todos podemos hacerlo, esforzándonos por dedicar, entre los compromisos de cada día, momentos de quietud para permanecer en silencio ante Dios, escuchar su voz, encomendarle nuestras alegrías y nuestras preocupaciones, y revisar con Él nuestra vida. Esto nos hace, cada vez más, personas de fe sólida y consciente, y por consiguiente apóstoles creíbles y libres, hombres y mujeres capaces de reflejar la luz del Evangelio en todos los ambientes y en todas las situaciones de la vida, testimoniándolo también allí donde su valor no es comprendido ni es aceptado. San Mateo —autor del pasaje bíblico al que nos referimos—escribía para comunidades que no tenían una vida fácil. Debían afrontar hostilidad y persecuciones, como sucede aún hoy a muchos cristianos en tantos lugares de la tierra, y además había una gran tentación de desanimarse y dejarse vencer por el cansancio o el miedo. Tanto hoy como ayer, es difícil permanecer fieles a las enseñanzas de Jesús y anunciar su Palabra: responder al odio con el amor, a la prepotencia con la mansedumbre, al desánimo con la perseverancia. Por eso es necesario que profundicemos en las raíces de nuestra fe y de nuestra misión en una relación intensa con Él . Esto nos da la fuerza para no rendirnos y seguir transmitiendo a todos, en cualquier circunstancia, su mensaje de esperanza, de amor y de paz. ¡Al mundo le hace mucha falta! Que la Virgen María nos ayude a ser discípulos misioneros del Señor Jesús, cada uno conforme a su propia vocación.