Ángelus 5 de julio de 2026 · Semana del 29 de junio de 2026

Ángelus, 5 de julio de 2026

Resumen

En este Ángelus, el Papa León XIV nos invita a reconocer la verdadera sabiduría de Dios en la humildad de la carne y el amor que Jesús nos muestra. Nos anima a acoger su llamado a seguirle, cargando nuestra cruz con confianza y esperanza. Podcast creado por igles-ia.es

Ideas clave

  • La alabanza a Dios en el Evangelio refleja la sencillez y alegría del estilo divino, revelándose a los humildes y no a los sabios arrogantes.

  • Seguir a Jesús implica cargar con la cruz, pero con la certeza de que Él lleva primero el peso, haciendo el camino más ligero y lleno de esperanza.

  • La verdadera sabiduría de Dios se manifiesta en la humildad, en contraste con la arrogancia de la sabiduría humana que conduce a la soberbia.

  • La cruz de Cristo es fuente de redención, esperanza y liberación en medio del sufrimiento, la guerra y el pecado.

  • La enseñanza de Jesús revela la verdad de Dios y del hombre, invitando a la comunidad a confiar en su amor y en la intercesión de María, Reina de la paz.

Frases destacadas

“La verdadera sabiduría de Dios se revela, en cambio, en la humildad de la carne y su enseñanza se dirige a quienes pasan más dificultad.”

“La entrega de sí mismo por amor es el “yugo” de Jesús, es decir, la síntesis de su enseñanza, el corazón de su sabiduría, ardiente de caridad hacia todos.”

“Sólo en la cruz de Jesús se redime el mal: sólo en su pasión nuestro cansancio mortal encuentra consuelo y redención.”

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Leer el texto íntegro del documento
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo! El Evangelio de la liturgia de hoy nos invita a compartir la alabanza que Jesús eleva al Padre, «Señor del cielo y de la tierra» . El Hijo de Dios, hecho hombre, manifiesta su amor al incluir a todas las criaturas en esta acción de gracias. La sencillez de un gesto tan espontáneo y alegre corresponde al estilo de Dios, que ama revelarse “a los pequeños”, mientras permanece oculto “a los sabios y entendidos” . Estos, en efecto, están tan llenos de sus propias ideas que no reconocen la presencia de Cristo, el Mesías que visita a su pueblo. La sabiduría humana se convierte entonces en arrogancia y la doctrina degenera en soberbia. La verdadera sabiduría de Dios se revela, en cambio, en la humildad de la carne y su enseñanza se dirige a quienes pasan más dificultad: «Vengan a mí todos los cansados y abrumados por cargas» , dice el Señor. Acudir a Jesús significa corresponder a su amor y compartir su vida hasta la cruz, tal y como Él mismo nos explicó: «Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me siga» . Precisamente la entrega de sí mismo por amor es el “yugo” de Jesús , es decir, la síntesis de su enseñanza, el corazón de su sabiduría, ardiente de caridad hacia todos. Hermanos y hermanas, ¿cómo puede ser “ligero” y “suave” el peso de la cruz ? Por una única razón: porque el Señor lo lleva primero y junto con todos nosotros, sin dejarnos nunca solos ante lo que nos abate. Como auténtico maestro, Jesús se hace cargo de la humanidad herida por el mal, para cuidar de ella. La sabiduría que Él nos dona es, pues, un anuncio de salvación, y su yugo nos levanta en cada caída. Al seguir a Cristo, nuestro camino no es, por tanto, una ascética que mortifica: es una escuela de libertad, que se toma en serio el drama de la historia y siempre ilumina su sentido, sobre todo en los momentos más oscuros. De hecho, sólo en la cruz de Jesús se redime el mal: sólo en su pasión nuestro cansancio mortal encuentra consuelo y redención. En la esclavitud, Cristo es liberación. Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la hora del pecado, Cristo es perdón. Esta es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos en su nombre como discípulos. Jesús nos lo enseña como Hijo, haciéndose nuestro hermano: con la fuerza del Espíritu Santo, Él mismo revela a la Iglesia la verdad de Dios y del hombre, porque «nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» . Queridos amigos, mientras damos gracias al Señor por esta muestra de confianza llena de amor, pidamos la intercesión de María, Reina de la paz, por el bien de la Iglesia y del mundo entero.