Resumen
En este discurso, el Papa León XIV invita a reflexionar sobre la importancia de adaptar nuestras decisiones y acciones a las condiciones cambiantes de los tiempos, promoviendo un uso responsable de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial. Destaca la necesidad de definir un marco ético que garantice que estas herramientas sirvan al bien de la humanidad y no sacrifiquen la paz y la dignidad humana. Podcast creado por igles-ia.es
Frases destacadas
“Sus reflexiones y sus trabajos podrán ayudar a las autoridades a tomar decisiones en este ámbito por el bien de la humanidad.”
“Pedir prudencia, controles rigurosos y, en ocasiones, también una ralentización en la adopción de la IA no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia la familia humana.”
“El Papa Francisco cuando dio la voz de alarma sobre el uso responsable de estas tecnologías, al decir: «Tenemos el deber de ensanchar la mirada y de orientar la búsqueda técnico-científica hacia la consecución de la paz y del bien común, al servicio del desarrollo integral del hombre y de la comunidad».”
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En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡La paz esté con ustedes!
Señoras y señores: Buenos días y bienvenidos, ¡y gracias por su paciencia también esta mañana!
Me complace mucho encontrarme con ustedes, al término de su conferencia anual aquí en Roma: ustedes, miembros del Instituto Internacional de Ciencias Administrativas, venidos de todo el mundo, del cual también forma parte la Santa Sede.
Su Instituto, que vio la luz en 1930, al día siguiente de la gran crisis económica que azotó al mundo, tiene la vocación de ser «un llamado incesante a la conciencia de las autoridades políticas para que adapten la vida social a las condiciones en constante cambio de los tiempos, de modo que pueda hacer realidad las intenciones y los designios de la Sabiduría del Creador». .
El tema de su Conferencia, que acaba de concluir en estos días, lanza hoy un vibrante llamado a nuestro mundo, en la era digital, para que se pueda mantener el equilibrio en el uso de las tecnologías digitales. Un llamado que se suma al que lancé en mi reciente encíclica sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial . Hoy no podemos dejar de mirar de frente esta realidad que afecta de cerca nuestra forma de vida y que impregna todos los niveles de la vida social. La velocidad con la que se desarrollan las innovaciones relacionadas con la Inteligencia Artificial nos lleva a preguntarnos si en el futuro será posible controlar estas máquinas, si el hombre no corre el riesgo de convertirse en víctima de sus propios inventos. Uno de los graves problemas actuales es constatar que las decisiones relativas a la vida humana se confían a máquinas.
Ante esta preocupante situación, aplaudo su encuentro, que tiene como objetivo reafirmar el carácter insustituible de la inteligencia humana frente a estas herramientas tecnológicas. Sus reflexiones y sus trabajos podrán ayudar a las autoridades a tomar decisiones en este ámbito por el bien de la humanidad. «Pedir prudencia, controles rigurosos y, en ocasiones, también una ralentización en la adopción de la IA no significa estar en contra del progreso, sino ejercitar un cuidado responsable hacia la familia humana» .
Por lo tanto, es importante definir una ética que acompañe el uso de estas importantes herramientas, las cuales, lamentablemente, se concentran en manos de los grandes actores económicos y tecnológicos, y que el Estado encuentra difícil controlar. Es necesario velar por que el bien de la familia humana no se sacrifique en aras de intereses privados.
Los animo a continuar con sus investigaciones para encontrar formas y medios que aporten su contribución a la administración pública en pro de la humanización de las tecnologías digitales, de modo que estén al servicio de la vida y de la paz. Es precisamente a esto a lo que nos invitó el Papa Francisco cuando dio la voz de alarma sobre el uso responsable de estas tecnologías, al decir: «Tenemos el deber de de ensanchar la mirada y de orientar la búsqueda técnico-científica hacia la consecución de la paz y del bien común, al servicio del desarrollo integral del hombre y de la comunidad» .
Queridos miembros del Instituto Internacional de Ciencias Administrativas, sé que su misión no es fácil y que, a veces, el desánimo puede abrumarlos. Ruego al Todopoderoso que los sostenga, para que puedan continuar con determinación esta noble tarea. Invoco sobre todos ustedes las abundantes bendiciones de Dios. ¡Gracias!