Leer el texto íntegro del documento
Saludo cordialmente a todos los reunidos para conmemorar el 80.º aniversario de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. De manera especial, expreso mis sentimientos de respeto y afecto por los supervivientes hibakusha , cuyas historias de pérdida y sufrimiento son un llamamiento oportuno para que todos construyamos un mundo más seguro y fomentemos un clima de paz.
Aunque han pasado muchos años, las dos ciudades siguen siendo un recuerdo vivo de los profundos horrores causados por las armas nucleares. Sus calles, escuelas y hogares aún conservan las cicatrices, tanto visibles como espirituales, de aquel fatídico agosto de 1945. En este contexto, me apresuro a reiterar las palabras tan a menudo utilizadas por mi amado predecesor, el Papa Francisco : «La guerra es siempre una derrota para la humanidad».
Como escribió el Dr. Takashi Nagai, sobreviviente de Nagasaki: «La persona que ama es la persona “valiente” que no empuña las armas» . En efecto, la paz verdadera exige el valiente abandono de las armas, especialmente de aquellas que tienen el poder de causar una catástrofe indescriptible. Las armas nucleares ofenden nuestra humanidad común y traicionan la dignidad de la creación, cuya armonía estamos llamados a salvaguardar.
En nuestro tiempo de crecientes tensiones y conflictos globales, Hiroshima y Nagasaki se erigen como «símbolos de la memoria» que nos exhortan a rechazar la ilusión de una seguridad basada en la destrucción mutua asegurada. En su lugar, debemos forjar una ética global arraigada en la justicia, la fraternidad y el bien común.
Por eso, ruego para que este solemne aniversario sirva de llamada a la comunidad internacional a renovar su compromiso en la búsqueda de una paz duradera para toda la familia humana, «una paz desarmada y desarmante» .
Invoco de buen grado abundantes bendiciones divinas sobre todos los que celebran este aniversario.
Desde el Vaticano, 14 de julio de 2025
LEÓN PP. XIV