Resumen
El Papa León XIV en este discurso resalta la importancia de la fraternidad y la unión entre las Iglesias, celebrando los santos Pedro y Pablo, y destacando la necesidad de avanzar juntos en el camino hacia la plena unidad cristiana. Invita a trabajar por la paz, la colaboración y el respeto mutuo en un mundo dividido. Podcast creado por igles-ia.es
Ideas clave
La visita refleja la cercanía fraterna entre la Iglesia de Roma y la Iglesia de Constantinopla, fortaleciendo la amistad ecuménica.
La conmemoración del 1700.º aniversario del Concilio de Nicea reafirma la base común en el Credo y la búsqueda de unidad en la diversidad legítima.
El camino hacia la plena unidad requiere diálogo, oración y colaboración entre todas las confesiones cristianas, especialmente en momentos de división.
La Iglesia llama a los cristianos a ser signos creíbles de paz en un mundo marcado por conflictos, polarización y divisiones culturales.
El compromiso ecuménico debe centrarse en la promoción de la verdad, la misericordia y la responsabilidad social, en línea con el Evangelio.
Frases destacadas
“los cristianos, reconciliados entre sí y de acuerdo en la profesión de la única fe, están llamados a ser un signo creíble de paz”
“el Credo de Nicea debe ser la base y el criterio de referencia de este proceso, proponiendo el modelo de verdadera unidad en la legítima diversidad”
“el camino hacia la celebración del segundo milenio de la Redención, en 2033, pueda recorrerse juntos entre todas las confesiones cristianas del mundo”
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Leer el texto íntegro del documento
Eminencia, queridos hermanos en Cristo,
Me complace mucho encontrarme con ustedes, después de que ayer celebramos juntos la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo, patronos de esta Iglesia que está en Roma. Su presencia entre nosotros expresa la cercanía fraterna de la Iglesia hermana que está en Constantinopla y de su pastor y guía, Su Santidad Bartolomé, Patriarca Ecuménico. Le estoy profundamente agradecido a él y a todos los miembros del Santo Sínodo por haber querido enviarlos a Roma, para continuar con el tradicional intercambio de visitas con motivo de las fiestas de los santos patronos de nuestras respectivas Iglesias.
A este respecto, conservo vivo en mi memoria el recuerdo de mi participación en la celebración de San Andrés, en la iglesia patriarcal de San Jorge al Fanar, el pasado 30 de noviembre . Recuerdo con alegría y gratitud los encuentros que he tenido con Su Santidad Bartolomé, en los que hemos podido profundizar nuestra amistad mutua y compartir nuestra visión sobre numerosas cuestiones, sobre todo el deseo común de avanzar en el camino hacia la plena unidad entre todos los cristianos.
En esta perspectiva, la conmemoración del 1700.º aniversario del Primer Concilio de Nicea , celebrada en la víspera de la fiesta de San Andrés en İznik, por invitación del Patriarca Bartolomé y con la presencia de representantes de otras Iglesias y comunidades eclesiales, constituyó un elocuente testimonio de la comunión que ya existe entre todos aquellos que comparten la fe en Dios, Padre de todos los hombres, y que confiesan al Señor y Hijo de Dios, Jesucristo, y al Espíritu Santo, quien nos inspira y nos conduce a la plenitud de la verdad y de la unidad. A la luz de ese evento conmemorativo, quedó claro que el Credo de Nicea debe ser la base y el criterio de referencia de este proceso, proponiendo el modelo de verdadera unidad en la legítima diversidad: Unidad en la Trinidad, Trinidad en la Unidad . Ojalá el camino hacia la celebración del segundo milenio de la Redención, en 2033, pueda recorrerse juntos entre todas las confesiones cristianas del mundo, redescubriendo el don y el llamado a ser testigos del Resucitado.
En una época caracterizada por las guerras y una polarización creciente, así como por divisiones culturales y sociales, los cristianos, reconciliados entre sí y de acuerdo en la profesión de la única fe, están llamados a ser un signo creíble de paz, contribuyendo de manera decisiva al compromiso en este sentido de todos los hombres y mujeres de buena voluntad. De hecho, en la situación actual está en juego no solo la credibilidad del mensaje cristiano, sino el futuro mismo de la humanidad. La necesidad de una mayor colaboración entre los cristianos ante los desafíos actuales —como la paz, el buen uso de las nuevas tecnologías y el cuidado de la creación— surge del mismo Evangelio de Jesucristo: de hecho, la responsabilidad hacia la vida y la dignidad de cada ser humano, comenzando por los más pequeños y necesitados, es el criterio que determina nuestro destino presente y eterno .
Eminencia, queridos hermanos, les renuevo de todo corazón mi gratitud por esta visita, así como por su compromiso personal y el del Patriarcado Ecuménico en la promoción de la santa causa de la unidad de los cristianos. Les aseguro mi oración, por intercesión de los santos apóstoles Pedro y Andrés, hermanos en la carne y en la fe, y le pido a Dios nuestro Padre que nos acompañe siempre con su bendición. ¡Gracias!