Discurso 22 de agosto de 2026 · Semana del 17 de agosto de 2026

Visita Pastoral a la República de San Marino: Discurso a la comunidad eclesial (Basílica de San Marino, 22 de agosto de 2026)

Resumen

En este discurso, el Papa León XIV comparte la riqueza de la historia y la fe de la diócesis de San Marino-Montefeltro, resaltando cómo la valentía y la fidelidad han dado origen a una cultura centrada en la persona humana, imagen de Dios. Nos invita a seguir la huella de nuestros fundadores y a vivir con entusiasmo nuestra misión en el mundo, confiando en la gracia de Dios. Podcast creado por igles-ia.es

Frases destacadas

“La Diócesis de San Marino-Montefeltro es heredera de una rica historia de fe y de valentía: la de los santos Marino y León, quienes, hace dieciocho siglos, mediante el anuncio cristiano, «llevaron al contexto de esta realidad [...] perspectivas y valores nuevos, dando origen a una cultura y a una civilización centradas en la persona humana, imagen de Dios».”

“No se detengan en respuestas parciales, inmediatas [...] que no los conducen a la verdadera alegría de vivir.”

“Su corazón es una ventana abierta al infinito.”

Leer el texto íntegro del documento
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Me alegra encontrarme con ustedes en esta Basílica —también con ustedes, que están afuera—, en esta Basílica dedicada al santo diácono Marino, su Patrono. Saludo a Su Excelencia, su Obispo, a quien agradezco las palabras que me ha dirigido; a los sacerdotes, a los consagrados y consagradas, a los representantes de la vida eclesial de la Diócesis y a todos los presentes. Quisiera que viviéramos juntos este momento como una pausa en nuestro camino común tras las huellas de Cristo. La Diócesis de San Marino-Montefeltro es heredera de una rica historia de fe y de valentía: la de los santos Marino y León, quienes, hace dieciocho siglos, mediante el anuncio cristiano, «llevaron al contexto de esta realidad […] perspectivas y valores nuevos, dando origen a una cultura y a una civilización centradas en la persona humana, imagen de Dios» . Laicos y canteros —solo posteriormente llamados, en diverso grado, al ministerio ordenado—, supieron traducir el mensaje del Evangelio en un modelo comunitario y político nuevo, fuertemente caracterizado por los principios cristianos de libertad, respeto mutuo y comunión, un modelo que permanece vivo hasta nuestros días. Y es hermoso constatar cómo su Comunidad diocesana y la comunidad civil procuran continuar la obra de los Fundadores con el mismo entusiasmo y la misma fidelidad. Por este motivo, quisiera detenerme a reflexionar con ustedes sobre algunos aspectos de su camino como Iglesia que considero importantes. Me dirijo ante todo a los jóvenes, retomando lo que el Papa Benedicto XVI les dijo durante su visita aquí, hace quince años: «No se detengan en respuestas parciales, inmediatas […] más fáciles en un primer momento y más cómodas, que pueden dar algunos ratos de felicidad, de exaltación, de embriaguez, pero que no los conducen a la verdadera alegría de vivir» ; y luego añadía: «Su corazón es una ventana abierta al infinito.». Pues bien, queridos jóvenes: ¡mantengan abierta esta ventana! Sigan con la mirada del alma los caminos trazados en ustedes por los grandes deseos de belleza, de bondad y de vida que llevan en el corazón. Si observan atentamente sus recorridos y escuchan su voz, ellos los conducirán hacia lo alto, al encuentro con Dios, allí donde Él los busca y los espera; y, con su ayuda, sus sueños tendrán la fuerza de dejar una huella en la historia y transformarla para bien. He aquí, entonces, la segunda invitación que quisiera dirigirles: ¡abracen con entusiasmo su misión en el mundo! Háganlo, ante todo, tratando de comprender cuál es el llamado que Dios les dirige, único para cada uno, y de valorar su grandeza . Y luego entréguense a él, poniendo sin reservas toda la riqueza de los dones que Dios les ha concedido. No tengan miedo de hacer elecciones exigentes, como el matrimonio, la consagración, el ministerio ordenado, la vida profesional, el compromiso social y político; prepárense de la mejor manera posible para las responsabilidades que los esperan. Déjense involucrar en iniciativas y proyectos de caridad y de justicia. Así también ustedes contribuirán a dar «un testimonio de paz que habla al mundo», como dice el lema de esta visita mía. A este respecto, quisiera expresar también un sincero agradecimiento a los sacerdotes, catequistas y a todos los educadores que, mediante diversos itinerarios y propuestas, se esfuerzan por favorecer el crecimiento humano y cristiano de los niños y adolescentes. Queridos hermanos y hermanas, el suyo es un trabajo escondido pero muy importante, un servicio humilde y precioso, porque ayuda a los padres, primeros responsables de la educación en la fe de sus hijos. La familia, en efecto, es el primer lugar de formación en la fe, el seno natural en el que el Evangelio, desde la infancia, se aprende y se respira cotidianamente. Por eso, una pastoral sabia procurará alimentar una fuerte sinergia formativa entre las familias y las comunidades eclesiales, un pacto educativo, para que los padres se sientan involucrados, redescubran ellos mismos la fe de un modo nuevo y tengan la alegría de transmitir a sus hijos los valores cristianos de los que son custodios. En cuanto a los contenidos, los itinerarios de crecimiento, especialmente en la iniciación cristiana, deben comunicar ante todo la belleza y el gusto de la vida bautismal y sacramental, para que nazcan y se fortalezcan en las comunidades caminos de santidad, y en todos madure la conciencia de su propia dignidad profética, sacerdotal y real. Siguiendo la enseñanza del Concilio Vaticano II , cuídese con atención la liturgia y fórmese a los fieles para vivirla de manera coral, como acción común de un único cuerpo vivo , en el que cada miembro recibe fuerza de la Mesa del Señor para llevar su luz por los caminos del mundo. Nosotros creemos que el Evangelio es camino de libertad para los hombres y mujeres de todos los tiempos, y que en Jesucristo y en su Palabra encuentran sentido y respuesta definitiva las alegrías, las heridas y las preguntas más profundas de la humanidad. Por eso estamos convencidos de que el don más grande que podemos ofrecer a los hermanos y hermanas que el Señor pone en nuestro camino es ayudarlos a encontrarse con Él, el Dios hecho hombre, muerto y resucitado por nosotros, y encontrar en Él la salvación. A la luz de esto, ejercemos la caridad en todas sus formas, sin escatimar esfuerzos, teniendo siempre en el corazón y muy presente el bien último e integral de las personas a quienes ofrecemos nuestro apoyo. Vivimos en un mundo herido por numerosos conflictos, en el que vemos con preocupación cómo aumentan las violencias, los cierres y el miedo al otro. Frente a estas derivas inquietantes, nuestra respuesta no puede ser otra que caminar con mayor convicción todavía por el camino del Evangelio. Su inspiración está en la base de una sociedad «construida sobre el respeto de la libertad propia y de la de los demás y, sobre todo, sobre el respeto de la santa Voluntad de Dios» , que enseña y manda prestar atención a los más débiles, el perdón, la comunión y la solidaridad. A este respecto, deseo subrayar la importancia y el valor profético de algunas experiencias de apoyo mutuo y de cercanía mediante las cuales, en las zonas más internas de este territorio, las pequeñas comunidades afrontan los problemas relacionados con la despoblación y la carencia de servicios, manteniendo vivo el sentido de familia y de comunión. Estas realidades, aparentemente pequeñas y marginales, son como pequeñas llamas de las que podemos tomar luz para volver a encender y  reanimar en todos el fuego de valores sólidos, antiguos y siempre actuales. Tales experiencias testimonian el calor de esa magnífica humanitas a la que es necesario tender, para vencer el individualismo de cierta cultura metropolitana y consumista, así como otras formas de localismo desconfiado y divisivo, y devolver oxígeno a nuestras esperanzas de fraternidad y de paz. Queridos hermanos y hermanas, la última palabra es la que más llevo en el corazón: comunión. Demos, en nuestras comunidades, testimonio de unidad: entre las parroquias y, dentro de ellas, entre pastores y fieles, entre los diversos carismas y ministerios. También esto forma parte del patrimonio del Evangelio vivido que los santos Marino y León nos han dejado, y de la misión que tenemos de continuar, con constancia y dedicación, haciendo crecer aquello que ellos comenzaron. Por su intercesión, que el Señor los bendiga y los sostenga siempre en su camino. ¡Les agradezco de todo corazón su acogida! Los llevo conmigo en mi oración, y estoy seguro de que también ustedes continuarán rezando por el Papa. ¡Gracias!